Oct 25
Apenas él le amalaba el noema…
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clésimo y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sústalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnilas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.
¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los rdopenaban hasta el límite de las gunfias.
Texto 68. Rayuela. Cortázar, Julio
Sí, la estaban liando parda. Este post post podría considerarse un “Culturízate!” ya que salió en clase de lengua, con Enrique (un saludo
), pero mola de todas las maneras.
El autor se inventó su propio lenguaje, el Glíglico, para escribir un capítulo de su libro “Rayuela”. A pesar de ser palabras inventadas y carentes de significado, se puede comprender el texto completamente.
Sí, es porno.
Fuente: Aquí (PDF)
2 comentarios.
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WTF
Ese Enriqueeeee!!