La maravillosa y fascinante historia del amigable reparador de líneas telefónicas que no sabía lo que era Ubuntu, y de cómo estuvo a punto de reparar mi línea
Posted on | Enero 15, 2009 | 4 Comments
Yo tengo dos ordenadores, uno de sobremesa y un portátil. Y tengo un router antiguo y uno que me trajeron los de telefónica. Y tengo también un contrato de banda ancha + tarifa plana con Telefónica. Y para rematar la faena, tenía problemas con mi línea, y con la conexión inalámbrica del portátil. Y juntar todo esto no mola demasiado.
La historia que váis a leer a continuación tuvo lugar durante los meses de Septiembre-Octubre de 2008 (es una historia larga y por mi vaguería no la he terminado de escribir hasta hoy xD)
Capítulo 1: De los cortes de línea y del cableado telefónico de mi casa, y del de la compañía telefónica. Y de cómo una simple operadora se inventa un nombre para un sistema operativo.
Desde hace unos meses, la conexión del router con Telefónica se corta momentánea y esporádicamente, provocando así una ausencia de internet en mi ordenador durante un minuto (hasta que reconecta).
Bien, a la semana de ocurrirme esto por primera vez, llamo al 1004 (es un timo, me hicieron llamar después a un 902). El caso, que termino hablando con una señorita de esas que atienden el teléfono (telefonistas, las llaman por ahí):
Telefonista: Hola, le atiende Fulanita de Tal, ¿cuál es su problema?
Yo: Verá, sufro cortes espontáneos de conexión de mi línea de internet, que oscilan entre los 30 y 60 segundos de duración, y cada media hora, aproximadamente. Me conecto a internet por medio de un ordenador de sobremesa bajo Ubuntu 8.04, conectado por cable Ethernet a un router Amper Xavi 7768r. Ya he probado a reiniciarlo y restaurarlo, y a desenchufarlo de la luz.
T: Perfecto. ¿Y su nombre es?
Y: Javier R.
T: Está bien, señor R., procederé a comprobar su línea, por favor, manténgase a la espera.
(5 minutos después)
T: Señor, ¿sigue ahí? Parece que hay un problema con su línea. Por favor, dígame el nombre del titular y su DNI.
Y: Mi madre, Menganita, DNI 123456789-ABC
T: Bien, y dice que se conecta por cable. ¿Su router es blanco? ¿Cuántas lucecitas tiene? ¿Cuántas están encendidas?
Y: Mi router es un Xavi 7768r, es blanco, tiene 5 lucecitas de las cuales 3 están encendidas.
T: Ok, usa Windows, ¿verdad?
Y: No, uso Ubuntu. Ubuntu 8.04
T: ¿Quée? ¿Olympus?
Joder, ya te vale, tronca. Una cosa es que no tengas ni jodida idea de que es Linux, ni el software libre, ni mucho menos Ubuntu. También te consiento que sólo hayas utilizado ordenadores bajo Windows en lo que llevas de tu apestosa y maloliente vida. Pero lo que no paso es que yo diga claramente Ubuntu, vocalizando de una manera que roza la perfección, y tú, que tienes en tu puta pantalla de PC una lista de los sistemas operativos que puede tener el usuario, digas Olympus. Pues te puedes meter todas las cámaras Olympus que te quepan por el recto. Ubuntu mola, mucho, y tú has tergiversado su nombre completamente. Mereces morir.
Al final quedamos en que me mandarían a un técnico, y que en caso de que la avería fuese mía sería facturable.
Al día siguiente viene un técnico. Han detectado incidencias entre el servidor de Telefónica y mi router.
El técnico revisa la línea, a la puerta de mi casa llegan los 6 megas contratados y con una potencia considerablemente buena. A mi router sólo llegan 4 y con cortes de conexión. El problema ha de ser del cableado de mi casa, nos sugiere que lo cambiemos y que pongamos un cable directo y sin empalmes desde el cajetín hasta mi habitación. Cosa que realizé con mi padre el fin de semana siguiente. Pero quedaba un problema por resolver.
Capítulo 2: Del router anticuado, del WiFi maldito y del portátil que no conseguía conectarse a internet inalámbricamente. Y de una Asus eepc blanca.
Vale, creemos que el problema de los cortes es por culpa de eso, así que le comentamos al técnico ya que estaba ahí que mi portátil no conseguía conectarse a internet por Wireless.
Técnico: A ver qué router tienes… Oh, es un Amper Xavi, este router nos da muchos problemas a la hora de confugurarle el WiFi, los técnicos odiamos este modelo.
Yo: Oh, vaya, ¡qué desgracia!
T: Será mejor que llames a Telefónica y les pidas un router nuevo, que además este está anticuado.
Y: Que así sea. ¿Me dejas ese ordenador tan bonito y pequeñito para probar a conectarme a mi red inalámbrica?
T: Claro.
Y me lo dejó. Y lo encendí, y esperé a que cargara Windows, y lo intenté conectar a la red inalámbrica sin protección y con el router a menos de un metro. No funcionó. Pedí el router y esperé. A la semana siguiente me llegó a casa.
Capítulo 3: De mi descontento con el nuevo router adquirido, de cómo tardaba en encenderse y conectar y de cómo tuve que volver a llamar a Telefónica.
Cojí la caja que acababa de llegar. Era sospechosamente cuadrada, desde el principio desconfié de esa caja. La abrí con tal cautela que se oía perfectamente el sonido de la fricción entre el cartón. Despacito, con calma, logré abrir la caja por su parte superior, despojándola de ese cartón marrón tan desagradable a la vista. Cuál fue mi sorpresa cuando dentro de esa caja vi… ni os lo podéis imaginar, vuestras mentes no son capaces de ni siquiera imaginar tal crueldad. Bien, dentro de la caja había… ¡¡OTRA CAJA!! ¡¡Pero quiénes se han creido!? ¿Una caja dentro de una caja? Solo unas personas tan retorcidas podían haber cometido tal vileza, los de Telefónica. Y ahí estaba, otra caja dentro de la anterior, esta vez decorada con lo que parecía la imagen del nuevo router y el logo de la empresa maléfica.
Aún con más cuidado abrí el nuevo compartimento, y dentro de él estaba el aparentemente nuevo, bondadoso y amigable router. Sus formas tan modernas y redondeadas podrían confundir al los ojos más expertos, pero ese router albergaba en su interior el mal. El mal personificado en router.
Desembalé todos los accesorios, incluyendo el nuevo aparato, y los dejé de manera organizada sobre mi escritorio. Teniendo en mente lo que hacía, desenchufé el viejo y amarillento router, que tantas horas de conexión me había dado, para dejar paso a su sucesor. Conecté los cables de la misma manera que estaban conectados en el Amper Xavi, y lo enchufé a la corriente eléctrica. Saqué valor de donde no sabía que había y presioné el botón de encendido.
Una luz verde se encendió violentamente. Tras ella, dos o tres más la siguieron. Estuve a la espera, viendo de qué era capaz el router. Esperé y esperé, pero sus luces no indicaban conexión con Telefónica. Al cabo de dos minutos una luz que hasta ahora había permanecido verde se volvió naranja. El router estaba listo.
Sobreexcitado, introducí un palillo en lo que parecía el único agujero visible del invento, un agujero rotulado como “Reset”. Al hacer presión con el palillo, y tal y como esperaba, una nueva luz se encendió, indicando la disponibilidad de la red inalámbrica. Para asegurarme, accedí mediante el ordenador a la configuración, todo estaba listo. Cogí mi flamante portátil pero… no funcionaba. Por algún motivo que escapaba a mi entendimiento, el portátil no se conectaba a la red, ni en Ubuntu ni en Windows. Me acordé en ese momento en los muertos de algunas personas, nada importante.
Cansado, decidí dejar el ritual de andar cambiando la configuración y probando a conectar para el día siguiente. Me senté en la silla a mirar el email. Contemplé durante largos segundos el circulito de carga de página, pero ninguna información aparecía en la pantalla. Aparté mi mirada y la posé sobre el aparato, y cuál fue mi sorpresa cuando contemplé la luz de conexión apagada. Los cortes de línea se sucedieron a lo largo de la tarde con más regularidad que con el anterior router, motivo de mi enfado en aquel momento. Volví a poner el router antiguo y llamé a Timofónica.
Capítulo 4: Del router defectuoso, de cómo seguía el nuevo sin funcionar y del maravilloso técnico que desconocía la existencia de Ubuntu.
Mi padre telefoneó a la ya mencionada compañía de telefonía, la cual tiene un nombre que rima con “Telefónica”. En su llamada, expuso su descontento con el nuevo router, tal y como yo le había comentado, y exigió que se le devolviera su dinero y que se llevaran el router. Nuevamente, la empresa solucionó el tema enviando a un técnico.
Ding dong, ring rang, timbre sonando.
Entraba hoy por la puerta el mismo técnico de la anterior ocasión, y le expuse mi problema con el router. (El router había permanecido desenchufado y guardado desde que me dió la tarde con los cortes de conexión). “A ver ese router”- dijo, a la vez que yo lo iba conectando. Estuvo toqueteándolo cual prostituta, metiéndole el palillito en su agujero repetidas veces, hasta que suspiró. “El router parece defectuoso, no funciona correctamente y no se resetea manteniendo pulsado el botón. Probaré tu línea con el mío”.
Esta vez la línea parecía llegar correctamente. Sin embargo había cortes de conexión. El señor reparador de líneas telefónicas probó a mirar el empalme en el cajetín, pero nada, todo seguía igual. El demonio estaba escondido en ese router. Pero ya se lo llevaban.
Don reparador sugirió que cambiásemos el cableado de la línea telefónica de mi casa, y que le metiera un cable directo al router. Se llevó mi router y me dio el suyo.
Capítulo 5: De cómo esta historia empieza a aburrir y de cómo el autor decirle darle cierre.
Durante un tiempo seguí teniendo cortes de conexión. Mi portátil nunca pudo conectarse a internet. ¿Por qué tenía cortes de conexión? ¿Por qué no he podido hacer funcionar el wifi en el portátil? ¿Qué router estoy usando ahora mismo? Todas estas respuestas… ahora
-Los cortes de conexión estaban ocasionados por una humedad que se acumulaba en los tubos de plástico que contenían los cables de teléfono, cambiamos el cableado y dejamos abiertos los enchufes de la pared para evitar la condensación. Hasta hoy, problema solucionado.
-La tarjeta wifi del portátil está estropeada, defectuosa de fábrica. He de llevar el portátil a reparar, está en garantía.
-Ahora estoy usando el router del Señor Don Reparador, conecta más o menos rápido y funciona bien.
Tags: cableado > conexion > inalambrica > problemas > router > telefonica
Comments
4 respuestas a “La maravillosa y fascinante historia del amigable reparador de líneas telefónicas que no sabía lo que era Ubuntu, y de cómo estuvo a punto de reparar mi línea”
Deja un comentario
Diecisieteañero madrileño, un tanto geek, escribo mi blog a modo de diario personal y bloc de notas donde anotar cosas interesantes. 
15 Enero, 2009 @ 21:04
G.O.D. No es largo. Es la ostia de largo xD
17 Enero, 2009 @ 0:49
No me gustan los finales felices, pero bueno, siempre y cuando puedas seguir posteando, mola
22 Enero, 2009 @ 16:49
con k trabajas con olympuss ehh!! jajajaj puta señora mas subnormal!.
6 Febrero, 2010 @ 13:59
el problema estaba en tu linea, es rarisimo que te fallen tantos router por muy malos que sean,si hay cortes es porque el cableado no está bien,o porque estás muy lejos de la central, o hay problemas de humedad,lo digo porque yo he trabajado de esclavo en los malditos servicios de atencion al cliente y realmente si que hay inútiles trabajando pero tambien hay gente muy preparada,pero tambien tengo que decir que hay mucho usuario inutil que no sabe ni conectar 2 cables y te llaman gritando porque es muy dificil de conectar el ADSL y por supuesto 4 gatos en el servicio tecnico conocen linux, yo tambien uso ubuntu, por eso que antes de culpar al servicio técnico hay que mirar y remirar todas las posibles opciones que puedan ocasionar el fallo,por muy preparado que sea un tecnico no va a adivinar que tienes humedad en casa, no te estoy culpando,solo que se lo que hay del otro lado del telefono tambien.
Un saludo.