Superabuelo Eduardo

Posted on | Marzo 12, 2010 | No Comments

Son increíbles las cosas que pueden llegar a suceder en una gran ciudad como Madrid. En ocasiones, los astros se alinean, las brujas y magos se ponen de acuerdo y una sucesión de acontecimientos y coincidencias dan lugar a hechos que ni el mejor de los guionistas podría llegar a atisbar.

Ayer mismo, sin ir más lejos, perdiéndome con unos amigos por las calles del madrileño barrio de Bilbao tras salir del colegio, nuestro camino se vio interrumpido por una persona que, a juzgar por el color de su cabello y los pliegues de su rostro, bien podría tener ya 10 años de jubilado; y que probablemente en sus tiempos mozos estuviera más erguido, pero actualmente su estatura no sobrepasaba precisamente la de ninguno de nosotros.
Bien vestido, bien arreglado y con aries juveniles hace que nos detengamos:

- Buenas, chicos, ¿qué tal? — dijo, como esperando que le reconociéramos cual estrella de Hollywood. — ¿Qué pasa, no me reconocéis? ¿No sabéis quién soy?

En este punto, y si no fuera por la lucided de sus frases y la clarided de sus palabras, todos nosotros nos jugaríamos el cuello a que era un pobre borracho con el ego subido.

Cuán equivocádos estábamos. Resultó ser Eduardo, un vecino del barrio nacido allá por 1923, deportista nato y dos veces debutante en televisión por sus grandes hazañas a su avanzada edad: la primera, en aquel programa de récords mundiales que retransmitía Antena 3, creo recordar; y la segunda en un reportaje de Telemadrid. Eduardo tiene actualmente 87 años, aparenta 10 menos y se mueve tan ágilmente como cualquiera de nosotros. Afirma que es capaz de dar 100 toques con el pie a una pelota de tenis en 43 segundos. Y de lo del tiempo que tarda en hacerlo no estoy muy seguro, pero puedo afirmar que es capaz de hacerlo, y a las pruebas me remito:

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Y por casualidades de la vida, Eduardo resultó ser amigo de siempre del abuelo de mi amigo Miguel, así que, entre unas cosas y otras, nos estuvo contando historias de tiempos pasados en las que él era capitán de un equipo de fútbol y era capaz de decir el tiempo exacto que tardaba en dar un determinado número de toques con una pelota.

Son cosas quizás sin demasiada importancia, que no te esperarías que ocurrieran, pero que de vez en cuando pasan y por insignificantes que sean bien se merecen ser contadas.

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