Los niños que miraban fijamente a las pantallas

Posted on | Julio 15, 2010 | 2 Comments

Corría el mes de octubre del año 1999 y yo volvía del colegio en Metro, acompañado por mi padre y con una flamante Game Boy Color en el bolsillo que los Reyes Magos me habían regalado las navidades pasadas. Como el trayecto era largo y la espera no era algo que mi inquieta mentalidad de 7 años pudiera comprender y soportar, rebusqué en los bolsillos del pantalón y acerté a encontrar el videojuego que andaba buscando. Sin dilación, encajé esos dos trozos de plástico que algunos llaman consola y cartucho hasta que escuché el característico “clic” que indicaba que ambos ya estaban correctamente acoplados y se podía proceder, por tanto, a encender el aparato y jugar. El uno y el otro ya tenían sendas marcas en sus plastificadas superficies, vestigio de las innumerables veces que había repetido esa acción, mayormente en la tranquilidad de mi casa, donde pasaba horas y horas disfrutando del entretenimiento que áquel (y otros muchos como ese) me ofrecían.

Llegaba entonces el momento de encender la consola. Antes de activar el interruptor, cualquiera de los movimientos que hubiera hecho podrían haber pasado inadvertidos. Sin embargo, tras permitir que la corriente proporcionada por dos pilas AA que pesaban tanto como la consola fluyera por todos sus circuitos, algo quizás menos complejo pero sin duda más molesto que el propio encendido se desencadenaba.

Sin embargo, cabe antes recalcar la hora y el lugar en el que este momento que se repetía todos los días que volvía a casa en transporte público -sin apenas excepciones- transcurre. La hora rondaría las cinco y cuarto de la tarde de un día laborable, periodo en el que todos los chavales de mi misma edad salían de sus clases. Así pues, como podéis imaginar, no era la única pequeña y adorable criatura en el vagón.

Y yo no sé qué tenía el dichoso botón de encendido, ni por qué era el único de todos los mocosos que poblaban el Metro de Madrid que tenía una Game Boy, pero al pulsar el maldito interruptor mi maquinita actuaba como un poderoso electroimán con capacidad para atraer a todos los menores de 10 años presentes en el tren.

No importaba la distancia que me separara de los enjendros, tampoco el número de padres, madres, padras, madros y demás familiares acompañaran a los mismos, ni tan siquiera la presencia de mi padre o de otras personas a mi alrededor. Siempre y cuando con sus feroces ojos me vieran jugando con el aparatito corrían (sí, corrían) velozmente a pegar sus sucias narices contra mi pantalla.

Era algo descarado. Por lo general, solo había uno o dos, pero eran la cosa más molesta que os podáis imaginar. Ya que la pantalla no tenía iluminación, su ángulo y distancia de visibilidad eran reducidos y había que estar cerca de la misma para ver bien. Y, obviamente, los malcriados querían ver bien como nadie ese adelanto tecnológico de la época, qué era y cómo funcionaba, por lo que pegaban su asquerosa cara contra la mía, me empujaban y torturaban invisiblemente mientras seguían comiendo la porquería que tuvieran por merienda, cayendo así restos sobre mí y mi pantalla.

Desafortunadamente, esto estaba visto como algo normal (o al menos así creo yo que lo deberían ver sus padres) ya que nadie decía nada y el martirio continuaba hasta llegar a la estación destino.

Afortunadamente, fui creciendo y pronto estas escenas dejaron de sucederme, para mi alivio y regocijo personal. Si bien hoy en día, con 10 años más, no se acontecen hechos semejantes, sí es cierto que sigo utilizando el Metro, asimismo sigo sacándome del bolsillo alguna videoconsola (o en su defecto el móvil) para paliar la dura espera, y sigo haciéndolo en ciertas ocasiones rodeado de niños y otros demonios. Por el contrario, hoy por hoy, no solo no te prestan atención ni te miran con desprecio, sino que ellos mismos se sacan un móvil o videoconsola que tu jamás podrás llegar a comprar y se ponen a jugar con ella bien cerca de ti, quizás esperando que seas tú el que se acerque a mirar como juegan ellos.

Asco de vida.

Comments

2 respuestas a “Los niños que miraban fijamente a las pantallas”

  1. Hinatangel
    17 Diciembre, 2010 @ 2:25

    Qué gran cantidad de recuerdos me trae este relato. Y yo que he entrado aquí por curiosidad, voy y me encuentro con esta joya. Enhorabuena por tus dotes para la escritura, y gracias por hacerme pasar un rato tan divertido y nostágico ;)

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  2. algeek
    17 Diciembre, 2010 @ 15:54

    @Hinatangel: ¡Muchas gracias por el comentario! Me alegra mucho que te haya gustado, de verdad.

    Un saludo.

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