The longest journey

Publicado el | 10 Abril, 2010 | 2 comentarios

Allá por el año 2004, inicié una colección de 10 videojuegos que el periódico El Mundo ofrecía semanalmente, por el módico precio de 5.99€/videojuego, si mal no recuerdo. La colección recibía por nombre “Los mejores videojuegos del mundo“, y, juegos de palabras aparte, los juegos me convencieron desde el primer momento, disfruté con cada minuto jugado de muchos de éstos.
Tampoco es de extrañar que comenzara aquella compra dominical, ya que por aquel entonces todo mi catálogo de juegos para PC se reducía a un “Delta Force 2” y un “Fritz 8” que había comprado un año atrás, junto con el propio ordenador, por motivo de mi primera comunión.

Lo que no sabía es que a la tercera semana jugaría a uno de los mejores videojuegos que jamás habré jugado: The Longest Journey.

Instalé cada uno de los 4 CD’s que componían aquel pesado juego, y a los 5 minutos ya estaba completamente sumergido en un mundo en el que se planteaba una ciudad en pleno siglo XXIII, regida por la ciencia y la tecnología y otro mundo paralelo, en el que dominaba la magia y la fantasía.

La trama me pareció increíble, y quedé maravillado por los puzzles, la variedad de escenarios, sus gráficos y la calidad de éstos, todo un logro tecnológico para la época. Jugué, como bien he dicho antes, a uno de los que considero los mejores juegos que existen.

Pero mi opinión está distorsionada por los años. Jugué con los ojos de un niño, entonces incapaz de apreciar un buen modelado 3D con unas buenas texturas, o un buen motor tanto gráfico como físico.

Puede que el juego no fuera tan bueno, que simplemente fuera uno más y que el Half life, por ejemplo, esté a años luz de él. Puede.
Por ello, me gustaría hacer una review, jugando con otra actitud, intentando disfrutar tanto como aquella vez, comprobando cuán equivocado estoy.

Hoy, 6 años después, la pantalla de instalación vuelve a aparecer en el monitor. La partida comienza…

Justin Bieber, you touch my tralala (No, gracias)

Publicado el | 22 Marzo, 2010 | 6 comentarios

Actualizo poco últimamente, así que no os será difícil recordar aquel post sobre parecidos entre gente “famosa” que hice allá por enero.  Si, hombre, ese en el que argumentaba que Brody, Ryan Wolfe de CSI y el prota de Bubble Boy eran la misma persona.

Siguiendo con mi racha para identificar gente parecida, hoy he encontrado dos gemelos, por casualidades de la vida (está bien, harto de ver a Justin Bieber entre los trending topics de Twitter me puse a investigar).

Resulta que me encontré — como ya he dicho, investigando – esta foto, perteneciente a la portada del disco “My world 2.0″ del joven cantante canadiense Justin Bieber.

Inmediatamente me recordó a otra persona, también cantante en su justa medida, y de aquella manera

Sí, son Louis y Zach “cantando” el “Ding Dong Song“. [Youtube video]

Vale, quizás no son idénticos, pero se parecen, no podéis negarlo.

PD: Sí, es un post de relleno. Podría hacerlo mejor, pero no prometo nada.

Louis and Zach- Ding Dong Song

Superabuelo Eduardo

Publicado el | 12 Marzo, 2010 | No hay comentarios. ¡Deja el tuyo!

Son increíbles las cosas que pueden llegar a suceder en una gran ciudad como Madrid. En ocasiones, los astros se alinean, las brujas y magos se ponen de acuerdo y una sucesión de acontecimientos y coincidencias dan lugar a hechos que ni el mejor de los guionistas podría llegar a atisbar.

Ayer mismo, sin ir más lejos, perdiéndome con unos amigos por las calles del madrileño barrio de Bilbao tras salir del colegio, nuestro camino se vio interrumpido por una persona que, a juzgar por el color de su cabello y los pliegues de su rostro, bien podría tener ya 10 años de jubilado; y que probablemente en sus tiempos mozos estuviera más erguido, pero actualmente su estatura no sobrepasaba precisamente la de ninguno de nosotros.
Bien vestido, bien arreglado y con aries juveniles hace que nos detengamos:

- Buenas, chicos, ¿qué tal? — dijo, como esperando que le reconociéramos cual estrella de Hollywood. — ¿Qué pasa, no me reconocéis? ¿No sabéis quién soy?

En este punto, y si no fuera por la lucided de sus frases y la clarided de sus palabras, todos nosotros nos jugaríamos el cuello a que era un pobre borracho con el ego subido.

Cuán equivocádos estábamos. Resultó ser Eduardo, un vecino del barrio nacido allá por 1923, deportista nato y dos veces debutante en televisión por sus grandes hazañas a su avanzada edad: la primera, en aquel programa de récords mundiales que retransmitía Antena 3, creo recordar; y la segunda en un reportaje de Telemadrid. Eduardo tiene actualmente 87 años, aparenta 10 menos y se mueve tan ágilmente como cualquiera de nosotros. Afirma que es capaz de dar 100 toques con el pie a una pelota de tenis en 43 segundos. Y de lo del tiempo que tarda en hacerlo no estoy muy seguro, pero puedo afirmar que es capaz de hacerlo, y a las pruebas me remito:

Imagen de previsualización de YouTube

Y por casualidades de la vida, Eduardo resultó ser amigo de siempre del abuelo de mi amigo Miguel, así que, entre unas cosas y otras, nos estuvo contando historias de tiempos pasados en las que él era capitán de un equipo de fútbol y era capaz de decir el tiempo exacto que tardaba en dar un determinado número de toques con una pelota.

Son cosas quizás sin demasiada importancia, que no te esperarías que ocurrieran, pero que de vez en cuando pasan y por insignificantes que sean bien se merecen ser contadas.

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